De la soledad, la desesperanza y otros sentires al estrenar en pandemia.

 

Consuelo Castillo Ulloa

 

2019: el año de lo inesperado

 

El camino empieza lleno de luces y estrellas. Es el día de mi cumpleaños y llego en compañía del equipo a la recién inaugurada Cinemateca de Bogotá. Hoy es el estreno de nuestra primera película y no sé qué esperar. Ante mi asombro, la sala se llena, mi silla es ocupada por una persona que se quedó sin boleta. 75 minutos de espera. ¿Qué pensará la gente? Siempre me asusta ese ruido de las sillas cuando la película aburre. Quiero ver el conversatorio y vuelvo a la sala unos minutos antes de que la proyección se acabe. Oigo las respiraciones de los asistentes y percibo una sensación que no puedo explicar en palabras. Es una energía que, sin escuchar ni una palabra, me lo ha dicho todo. Las cosas estarán bien. Fue un año intenso. De toda esa intensidad me declaro adicta. Hay ruido siempre. El cine es como la banda sonora de cada uno de mis días: las risas, las tristezas, pero sobre todo la certeza de que has encontrado tu camino.

Los días transcurren entre ballenas, Doris, pescadores retirados, tiranas en búsqueda de más poder, más salas llenas, encuentros y desencuentros, la ilusión de los cariños pasajeros, otra vez esa sensación que no puedes describir. Ahora, las redes crecen. Existe un público que entiende y quiere lo que estás haciendo. Este miedo me motiva. Ya no sé cuántas horas sin dormir. Es todo un sueño.

 

2020: el inicio o el final

 

El 2020 me recibe con un regalo: recorrer las salas del país al lado de miles de chicos barras bravas que me acompañan en el camino. Somos una gran caravana de almas abandonadas y corazones ardientes por toda Colombia. Estos escuderos me protegen, me hacen sentir más fuerte y aliviada. La vida indica nuevamente que al final encontraste tu camino. La suerte sonríe. Ya no hay miedo y tu alma respira aliviada. Acá por fin pararemos. No hay más búsquedas. Queridos guardianes, acá estoy para quedarme.

La vida nunca ha sido lo planeado. ¿Por qué tendría que serlo ahora? El mes de marzo pone freno a los planes. 2020 era el año de adaptarnos, de poder entender nuestro lugar en el universo. Tantas emociones me habían nublado la razón y andaba como sonámbula en medio de la vida, pero este era el momento de la serenidad. Siempre la vida me lo dice: nunca cuentes tus sueños muy alto, que acá estoy yo para contarte quién manda. Destino querido, acá estoy preparada y fuerte para empezar de nuevo.

Pasaron tres meses donde la vida se paró. Todo esto no podía ser cierto. Mañana me levantaré y todo estará bien. Que no y que no, que esto no es un sueño. Vienen días donde finges que todo está bien; horas mirando el cielo con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad, ocupando tu tiempo con la vida doméstica. Uno de mis lados géminis reacciona, me grita y me llama a la cordura. La vida es esto y es ahora. Y acá está siempre esa fuerza interna que te acompaña, que rara vez entiendes de dónde sale, y al final nunca has tenido miedo. Así que con la energía que te acompaña tomas fuerzas y cierras el trato.  Seremos la primera película colombiana estrenada online en pandemia.

Todo lo malo podía pasar. Te odiarían los exhibidores. No olvides la regla: el online solo podrá existir después de tres meses. No puedes violar el código de los tres meses. ¿Qué pensarán Proimágenes y el Ministerio de Cultura? Nuestro fondo sale de la boleta de cine. Y las salas que te apoyaron siempre. ¡Bah! Mentiras… Si todos los que me conocen saben que me encanta romper las reglas: solo existen para ir por ellas y atravesarlas. Nuevamente ese hueco en el estómago que te hace adicta. ¡Vamos a hacerlo!

 

Año Pandémico. 9 de junio. 

 

Otra vez el ciclo se cierra. Junio, mes donde naciste, mes que siempre te da señales. Recibo muchas llamadas todo el día: ¿estás segura de hacerlo? ¿no te da miedo?. Llega la noche y después de trabajar todo el día para que nuestro estreno esté listo, me sumo al cuadrito de pantalla en el que me he convertido. El cuadrito de Victoria está a mi lado, Clare, Mónica, Juanita y Carol Ann. Somos varios cuadritos juntos. La noche es mágica nuevamente. Tus amigos, los de verdad, te acompañan como siempre. Victoria y yo temblamos en la virtualidad e igual pareciera que estamos tomadas de la mano. Más de 3.500 personas están viendo Sumercé en su estreno nacional y en una plataforma VOD. Nadie la había visto en Colombia, ningún festival de cine la había seleccionado, y acá estábamos, con miles de personas que nunca sabremos si también habrían acudido a las salas.

Esto se vuelve adictivo: agosto 2020. Fait vivir tiene su estreno en la sala virtual de la Cinemateca de Bogotá. Los registros formales nos dicen que más de 700 personas vieron simultáneamente la película en la plataforma. Tuvimos sesión de preguntas y respuestas después de la proyección. Una hora donde Óscar Ruíz “Papeto” Navia y su familia pudieron contestar las preguntas del público. Hicimos fiesta virtual y compartimos soledades. Muchos de los cuadritos conectados nos agradecían porque esa noche fuera diferente. Todos teníamos la esperanza de que nuestras vidas volvieran a ser lo que extrañábamos.

A la una y diez de la mañana cerramos la fiesta. Teníamos sueño. Un estreno online toma mucha más energía que las acciones presenciales. Esa noche fue diferente al apagar la computadora. ¿Dónde estaban todos? La luz se apagó y el silencio era lo único que me acompañaba. Hoy no recuerdo el último día que vi a Victoria, seguramente fue en el 2019. Papeto y Anita son un recuerdo muy lejano. ¡Cuánto me gustaría haberlos abrazado, reírnos y decir que todo estaría bien! A Tomás lo he visto una vez en mi vida. Alejandro es un viejo recuerdo de Tonalá. Natalia es una conversación lejana en Cuba, donde nos conocimos. Cada uno de ellos son cuadritos en un computador. La nada. 

Llega la nueva normalidad y reabren las salas. La Cinemateca de mi corazón vuelve con la proyección de Sumercé y retorno feliz a esa vida que se había ido. Ver nuevamente la pantalla grande me llena de emoción, pero también encuentro una sensación desoladora: la sala, aunque llena en su capacidad, se ve solitaria. Es imposible con tanta lejanía encontrar la sensación que extraño. Todos nos vamos pronto, muy pronto. El aire nos sigue dando miedo. El otro nos da miedo.

Llegan los meses en donde Lázaro, Fait vivir, La paz, Dopamina y Sumercé visitan aquellas salas que las acogen con cariño. Meses donde los personajes de nuestras películas buscan desesperadamente huir de los cierres, a los picos de la pandemia y al miedo. La energía de su alma les permite sobrevivir en un mundo que paso a paso está volviendo a la vida.

El streaming me dejó grandes enseñanzas y certezas. En cierto modo despertó un espíritu de independencia. Es la posibilidad eterna de ser tu jefe, de que el mensaje llegue más lejos y, si lo logras, ser más fuerte, pero cómo se extraña estar juntos al final de la película.

 

2021: el despertar del sueño

 

Enero es nuestro mes. El ciclo de lo mejor del año está compuesto en gran parte por nuestras películas. Filmes de directores valientes que decidieron seguir y no esperar a que una decisión financiera o administrativa les diera el permiso para ser vistas. 

Pero qué manera de soñar, que no que no… El 2021 llega con otra sorpresa. El pico, un pico, que no ha cedido terreno desde enero, o eso es lo que nos hacen creer, y las salas cierran nuevamente sus puertas. El proyector se ha apagado para ellas. Más de cuarenta funciones fueron canceladas y todas las esperanzas de volver a vernos en las salas se desvanecieron.

Las salas abren tímidamente en marzo, pero ya no tenemos lugar. Nadie va a querer ver lo mejor del año en marzo. El 2020 ya se fue y solo nos queda pensar en el futuro. Que el futuro no existe hoy. ¡No hagas planes!

Abril era el mes para empezarlo todo nuevamente. ¡Que no mi cielo! ¡Que el país viene primero y el estallido social hace pensar en un dinosaurio que había despertado! Dolor por los que se fueron. Preguntas y mucho dolor por todo lo que pasa.

 

Mayo del 2021

 

Y la fuerza insiste en retornarme al camino. Empiezo el año con una película que me cautivó. Encontré la voz de una directora que había dejado su país atrás y que con este relato respetuoso y lleno de cariño nos mostraba un lugar lleno de vida, colores y amor. También sentí miedo. Miedo de no darnos cuenta de que si somos indiferentes es posible que nos roben el lugar que conocemos como hogar. 

Hoy no puedo predecir el futuro. No sé qué ocurrirá. La intuición creo que me da luces, pero quién soy yo para revelarlo. Prefiero quedarme con las palabras de Anabel Rodríguez, directora de Érase una vez en Venezuela, cuando visitó Bogotá para el estreno de su documental en Colombia en mayo del 2021:

“El alma lloró por las casas de Congo Mirador y de las personas que se han ido. También llora por personas de mi propio entorno familiar y de amigos que deben dejar el país y, peor aún, que mueren por falta de medicamentos y de una alimentación adecuada. Son millones los que están sufriendo en Venezuela, pero inspirada en esa expresión que nos dejó el gran Gabo, tratamos de ‘vivir para contarlo’, trato de mantenerme bien y serena frente a estas casas que se van, para poder grabarlas y así contarlas”.