Cuando una imagen habla, ¿qué dice?

 

María Luna

 

  As the eye_Such the object (como el ojo es el objeto). Una frase de William Blake nos abre al mundo de interpretaciones de All light everywhere, una película del director estadounidense Theo Anthony que evidencia los mecanismos de poder de lo in/visible. La capacidad asociativa de su director le permite aterrizar en este documental-ensayo la perspectiva aérea de una película que se enfoca en el control de la libertad e interroga el desarrollo de las tecnologías portátiles de captación de la imagen que hoy encuentran gran desarrollo en las empresas de seguridad. El director se pregunta con inteligencia sobre ‘los ojos de Dios’ puestos sobre la olvidada Baltimore. Lugar que ya inspiró Rat Film (2016), una precuela de su interés en las condiciones de vida de las comunidades negras en esta zona de Estados Unidos.

  La secuencia inicial de All light everywhere nos instala en un mundo que quisiéramos creer de ciencia ficción. Una voz neutra, no humana, sin matices, pero curiosamente familiar, recuerda lo acostumbrados que podemos estar a la tecnología. Siri, Alexa o cualquier otra voz programada para aprender, descifrar, pero aún no, para comprender, se emparentan con la narradora de este meta-relato, que nos induce a relacionar varias esferas de sentido: “Esta actriz pondrá voz al agujero en el centro de este film, porque toda película es, en parte, una autobiografía, porque toda imagen tiene un marco y todos los marcos excluyen un mundo fuera de sus bordes. Aún así, cuando entendemos algo, aún decimos: Ya veo”.

La improvisación de jazz sobre este juego de luces nos prepara para un discurso que sabe saltar, sin ningún temor, del más elegante video-ensayo a una tele-venta descarada, resignificada por la ironía de la presencia del director en el film. Theo Anthony aparece, a veces, sin mucho protagonismo, como un organizador de los elementos en escena. Da instrucciones de juego al institucional portavoz de Axon -antes Taser Internacional- la empresa de seguridad global encargada de fabricar, entre otros aparatos, la pistola de electroshocks, de la cual el portavoz se siente muy orgulloso: “En últimas, la cámara cambia el comportamiento, igual que las armas cuando nos apuntan en una forma positiva. Nos vuelven profesionales”, resalta con una convicción que recuerda a los policías entrevistados por Errol Morris en La delgada línea azul.

La empresa tiene entre sus novedades una cámara portátil que, ubicada en el torso de los policías, está diseñada para verlo todo o para tan siquiera necesitar verlo, porque otros ojos observarán por ellos. El campo de pruebas es Baltimore. La realidad se compila en la web evidencia.com de acceso a los estamentos que participan en el programa. Su entrenamiento indica: “Documentarás y registrarás con tu cámara, que deberá estar en tu cuerpo, todo el tiempo”. Esta prótesis de vigilancia policial se enlaza con las preguntas que se abren desde la historia misma del cine. El fusil fotográfico de Èttiene Jules Marey, uno de los primeros dispositivos de captación de visión y la primera cámara portátil móvil del mundo es capaz de revelar los patrones invisibles del mundo. Máquinas que extraen datos, que ven, miden, calculan, según el inventor, instrumentos que no reproducen, sino que producen el mundo.

Sin embargo, ese desarrollo de la capacidad de observar tiene hoy como correlato la opacidad en la que se mueve el funcionamiento de los programas de seguridad por parte de gobiernos y empresas privadas globales ¿Qué se lleva a las cortes? ¿Qué perspectiva captan o dejan de captar sus cámaras? ¿Cuál es ‘la verdad’? Aunque la película simula un tono científico, no busca certezas. Se centra en la captura y los disparos de la cámara, enfatizando un lenguaje común entre la guerra y la imagen presente desde los primeros experimentos. Dejarse captar es quedar expuesto a la mirada y a la muerte. La imagen a la que a veces rendimos culto fue, y aún sigue siendo, ¿cóomo negarlo?, un instrumento de guerra.

Inevitable cerrar el telón de la aparente neutralidad de All light everywhere sin recordar los miles de ojos y objetos que registraron imágenes en lo más álgido del paro y el abuso policial en Colombia; inevitable pensar en la urgencia de capturar una violencia innombrable. Una imagen tomada de manos de una persona amenazada puede ser un instrumento de denuncia; en manos de la fuerza que amenaza, puede ocultar su intención.

Si vamos más allá de los círculos iniciales de la neutralidad que abre este documental ensayo, vemos que lo que pensábamos especulativo deja de serlo.  El director busca resaltar una realidad concreta, material, de lo que el poder ensambla a cada minuto en los rincones más herméticos de nuestro mundo. Aquello que permite mantener vigilantes los rayos de esa luz con los que podemos ser vistos, todo el tiempo, en todas partes. La pregunta que deja la película, ¿con qué historia sueña el futuro?, está lejos de ser tranquilizadora cuando el resonar de los experimentos del pasado sigue siendo tan concreto en el presente.

 

All Light Everywhere (Theo Anthony. Estados Unidos. 2021), 109 min.

TRAILER: https://memory.is/all-light-everywhere/trailer

 

Festivales: Premio del jurado en Sundance, Mejor película Documenta Madrid. Mención Especial CPH:DOX.  Próximamente en 23MIDBOesLIBERTAD

 

Maria Luna-Rassa 

Directora artística de la 23 MIDBO y co-editora de  Territorio y memoria sin fronteras, nuevas estrategias para pensar lo real (2021). Profesora de documental en TecnoCampus, Universitat Pompeu Fabra desde 2016. Doctora en Contenidos de Comunicación en la Era Digital (Beca PIF de la  Universidad Autónoma de Barcelona), magíster en Literatura Hispanoamericana (Beca SECAB del Instituto Caro y Cuervo) y Comunicadora Social de la Universidad del Valle.  Ha publicado textos sobre cine colombiano en New Cinemas, Alphaville, Archivos de la Filmoteca, New Approaches to Cinematic Space  y Cines latinoamericanos en busca del público perdido, mejor ensayo de la Fundación Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2020.