El poder de la palabra, el ruido y el silencio

por Diana Martínez | #7 Contrapoderes, las grietas de lo real

El ruido, la palabra y el silencio son los conceptos con los que la autora piensa, a partir del diseño sonoro en el cine documental, las maneras en que se ha ejercido el poder político. Mientras que los discursos oficiales silencian algunos testimonios, opacan algunas voces y privilegian de manera conveniente aquellas que satisfacen sus posturas, el documental de archivo usa el sonido de manera subversiva, destacando voces olvidadas, dotando de significado al silencio y dándole relevancia a aquello que los discursos tradicionales han juzgado como ruidoso.

Desde 1984, durante la presidencia de Belisario Betancur, la enseñanza de la historia de Colombia fue eliminada y se fusionó con el área de las ciencias sociales en la educación pública colombiana[1]. La historia del país se desvanecía gradualmente, lo que provocó que las generaciones más jóvenes desconocieran el conflicto que duró décadas y, en consecuencia, vivimos en una sociedad despolitizada. Esto se ve reflejado en la apatía de una sociedad que cuenta con una participación baja en las votaciones para la selección de sus representantes, en el desconocimiento de la época de las caucherías, o en la falta de conocimiento territorial. Diferentes artículos demuestran esta situación cuando anuncian cosas como:

El mutismo histórico fue un acto exprofeso, premeditado y arbitrario. Imagino que la idea tenía por objeto, que las siguientes generaciones hoy mayores de 30 años, desconocieran la realidad histórica de nuestro país plagada de racismo estructural, inequidades y guerra permanente como medio expedito para obtener cuotas de poder y mantener incólumes los eternos privilegios de unos pocos. [cursivas añadidas].[2]

o también:

La Historia en Colombia ha estado manejada por élites que se han centrado en el estudio de los próceres, con más intención patriótica que de estudio riguroso histórico. También hemos visto cómo, desde unas muy concretas estructuras ideológicas, se ha enseñado la Historia desde parámetros sesgados, pero eso no ha de ser óbice para que, respetando esas posiciones, comencemos a plantear la necesidad de una Historia ecuánime y reflexiva. [cursivas añadidas].[3]

 Se entiende la limitación de la enseñanza de la historia como un mecanismo de manipulación política.

Como se ha mencionado en numerosas ocasiones, muchos colombianos vivieron la guerra a través de los medios de comunicación; se normalizó, perdió relevancia y, por lo tanto, cayó en el olvido. Un claro ejemplo se plasma en el largometraje Nuestra Película (Diana Bustamante, 2023) que plasma, a través de la experimentación con material de noticieros colombianos de los 80s y 90s, la reiteración de hechos violentos en el país que muchas familias colombianas vieron en sus pantallas. Señal memoria, en un artículo titulado “Así se narró la guerra en los 90”, afirma que

La violencia dejó de ser exclusivamente rural y adquirió nuevos rostros urbanos, nuevas lógicas simbólicas y nuevas formas de silenciamiento. Todo esto transformó la experiencia del conflicto, no solo en los territorios donde se libraba la guerra, sino también en la manera en que se vivía y se narraba desde los centros urbanos.
En este contexto, los noticieros de televisión registraron los hechos con una presencia más intensa y una emocionalidad más marcada que en décadas anteriores. La televisión se convirtió en una ventana desde la cual el país urbano presenciaba las consecuencias directas del conflicto: masacres, secuestros, atentados. Pero esa visibilidad no siempre vino acompañada de profundidad analítica. A menudo, las noticias se centraron en los efectos inmediatos —el drama humano, la conmoción— sin contextualizar las causas estructurales de los hechos
[cursivas añadidas].[4]

 El hecho de que las noticias no realizaran, en la mayoría de los casos, un análisis profundo del contexto y de cada situación, permitió la desinformación y el desinterés por la situación del país.

Desde la década de 2000, se ha observado un notable aumento en el cine colombiano de películas realizadas con material de archivo. Todo tipo de archivos están surgiendo para contar historias: ¿una tendencia, una epidemia cinematográfica o, quizás, simplemente una necesidad? Archivos familiares, históricos, tomados de los medios de comunicación, institucionales y académicos —cualquier material que documente el pasado— han adquirido relevancia en las producciones audiovisuales.

Si consideramos una relación entre estos dos hechos, podemos afirmar que, si bien existe una historia perdida, también existe una búsqueda de ese pasado que pretende escudriñar todos los aspectos que pudieron haber sido captados por una cámara, una grabadora o algún testigo que documentó dicho pasado. El cine se convirtió en una forma de reconstruir la historia de distintas maneras para encontrarnos y reconocernos a nosotros mismos.

 

El diseño sonoro como propuesta conceptual

El diseño de sonido para cine, entre sus múltiples formas, puede entenderse a partir de tres conceptos: la palabra, el ruido y el silencio. Estos elementos se encuentran en constante tensión. En el caso específico de la palabra, usualmente existe una autoridad (un profesor, un sacerdote, un líder político, entre otros) que la elige, la controla, la monopoliza y, cuando es necesario, la silencia por completo. Frente a la tiranía de la palabra, el ruido resiste, se afirma y se convierte en una herramienta expresiva; hacemos ruido para protestar, para ser escuchados. El ruido, preponderante desde la revolución industrial gracias a la aparición de las máquinas y sus nuevas sonoridades, se puede definir, entre tantas posibles descripciones, como sonido indeseado; esto supone entonces que siempre hay una subjetividad y un contexto establecidos. El ruido abarca todo tipo de sonidos: gritos, golpes, cánticos, silbidos, máquinas; no hay reglas, todo es válido. Finalmente, está el silencio. La ambigüedad de su significado lo hace maleable y flexible. Guardamos silencio por dolor, castigamos con la mudez, buscamos el silencio para encontrar la calma, silenciamos para maltratar, pedimos momentos de silencio para honrar, buscamos la ausencia de sonido para concentrarnos; lo oculto también reside allí. Sin embargo, nunca estamos en silencio; su concepción cambia según el contexto. El silencio es lo que permanece, lo que queda sobrando, pero siempre es algo, nunca nada.

El diseño de sonido en películas experimentales que utilizan material audiovisual de archivo como fuente principal puede analizarse según la palabra, el ruido y el silencio. Los espectrogramas de breves fragmentos de sonido de películas colombianas que ilustran este artículo nos sirven para analizarlo. Un espectrograma es una representación visual del sonido que se produce durante un período de tiempo, a partir de la cual se puede obtener información sobre frecuencia, volumen y duración. La siguiente imagen muestra un espectrograma de una señal de audio estéreo de 43 segundos, con el canal izquierdo en la parte superior y el derecho en la inferior.

El eje X de la imagen representa el tiempo, con el extremo izquierdo en cero segundos y el derecho en 45 segundos. El eje Y corresponde a las frecuencias entre 20 Hz (abajo) y 20 000 Hz (arriba), que es el rango de audición humana. Los colores corresponden a la intensidad o volumen del sonido: el negro representa la ausencia de sonido, el blanco el volumen máximo y el morado un nivel intermedio.

La palabra o los diálogos son vistos en un espectrograma de la siguiente manera:

Espectrograma 2. Voz de la autora diciendo un diálogo aleatorio en un espacio silencioso.

El ruido se ve así:

Espectrograma 3. Un fragmento ruidoso de Paraíso (Felipe Guerrero, 2006).

El silencio puede parecer una pantalla negra, pero nosotros podemos verlo de esta manera:

Espectrograma 4. Fragmento silencioso de Nuestra película (Diana Bustamante, 2023).

Pensando el diseño sonoro para cine de archivo

El archivo es un material frágil y diverso. Muchos archivos nunca fueron registrados con sonido debido a limitaciones tecnológicas. Otros materiales pueden haber perdido su banda sonora durante la digitalización, otros estar en muy mal estado o, simplemente, el sonido original puede no ser interesante. Sin embargo, el diseño de sonido se vuelve fundamental en el proceso creativo.

Creemos que un archivo es sagrado e intocable. En contraste con esto, cabe recordar la ausencia de la historia colombiana en la educación primaria y secundaria. ¿Por qué respetar algo que nos fue negado? Si el archivo es primordial para la realización cinematográfica, ¿por qué pretendemos mantener su carácter histórico sin una representación contemporánea que lo haga relevante y auténticamente nuestro? La reflexión crítica y el análisis de esta documentación audiovisual, al ser revisada repetidamente para la edición o montaje de una película, lo transforman. Esto es semejante a un proceso de fermentación en el que el tiempo descompone orgánicamente la materia y la transforma. El archivo se convierte gradualmente en material plástico —una oportunidad para la creación— y el sonido es una herramienta clave para esta intervención.

 

Tensiones de la palabra, el ruido y el silencio: casos de estudio

 La palabra, la voz y el diálogo son herramientas del cine que se privilegian por encima de otros sonidos. En el cine experimental, esta regla no se aplica y la transgresión de la palabra surge como un deseo. En la película Parábola del retorno (Juan Soto, 2017), deliberadamente se silencia la voz: esta es inexistente, pero se transfiere al texto. Leemos la palabra del protagonista dejando la audición para la intimidad del espectador, quien la diseña, la imagina, la modifica, la escucha. Sacar la palabra del ámbito de la audición no significa que no se oiga. Al contrario, se libera de una experiencia auditiva única y fija, dejándola a merced de la imaginación del espectador hecho lector.

Fotograma 1. Parábola del retorno (Juan Soto, 2017).

Espectrograma 5. Espectrograma correspondiente a la secuencia del fotograma anterior donde la palabra es texto, pero el sonido ya no tiene palabras.

El poder del ruido

 

En Nuestra película (Diana Bustamante, 2023), la directora utiliza como material principal noticieros colombianos de los años 80 y 90 con hechos políticos relevantes. La característica distintiva del tratamiento audiovisual radica en la repetición y reiteración del material, lo que genera ese fenómeno conocido como “saciedad semántica”, es decir, cuando una palabra pierde su significado, tanto para quien la pronuncia como para quien la escucha, al ser repetida varias veces. En la película de Bustamante la palabra tiene una repetición constante y de esta manera, el sonido es usado como un elemento estético que modifica la noticia hasta el punto en que pierde su significado. La guerra y el conflicto se convierten en material creativo a través de los noticieros y su narración repetitiva de eventos violentos como si fueran simplemente ruido, uno que replica y refuta la palabra, lo que se puede considerar un efecto similar al de la protesta.

Espectrograma 6. Fragmento de Nuestra película (Diana Bustamante, 2023). Por la forma de onda y por el patrón constante en el tiempo, se puede identificar que es una voz repetida.

El secreto de las palabras

 Una película (secreta) (Jerónimo Atehortúa, 2025) hace uso de diversos tratamientos de la voz, principalmente intertítulos, que recuerdan al cine mudo. Pero eventualmente, los personajes comienzan a hablar un idioma inventado, ininteligible, aunque expresivo. Se comprenden las intenciones de los personajes y los intertítulos revelan las palabras. Este diseño sonoro, reiterativo, podría considerarse innecesario, pero estéticamente refuerza la contundencia de las palabras de los personajes a través de la expresión y la emoción que transmiten estos sonidos. En el caso de Una película (secreta), estas decisiones podrían interpretarse como una referencia al poder opresor, específicamente al poder de las élites, que se aprovechan de su posición para callar a quienes son menos favorecidos. Así, la palabra silenciada se escucha, ininteligible pero perdurable, por medio de un idioma indescifrable que clama y que ha dejado una huella hecha de voz.

Espectrograma 7. Una secuencia de voces inventadas en Una película (secreta) (Jerónimo Atehortúa, 2025).

Por otro lado, Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Atehortúa, 2023) es un melodrama construido a partir de las primeras cintas cinematográficas del cine colombiano. El diseño sonoro es independiente de la imagen; emplea la disonancia audiovisual para realzar el impacto emocional y la expresividad de cada escena. El sonido oscila entre ruido y silencio, así como también oscilan las emociones del protagonista, quien sufre por la frustración al no haber podido encontrar nunca al amor que, por un momento efímero, alguna vez tuvo cerca. La forma en que él se siente muestra la misma ambivalencia del ruido y el silencio.

El elemento que da comienzo al ruido, en la última parte de la película, es el fuego causado por el antagonista que busca quemarlo todo, incluso a los enamorados. El incendio, efectivamente, logra distanciar a la pareja. El fuego, que antes era ruido, ahora es silencio. Las ruinas del desastre enfatizan la sensación errante del protagonista. Más adelante, el silencio, representado por el viento, se transforma gradualmente en ruido. La masa de sonidos ininteligibles se corresponde con los violentos actos del antagonista, que quiere evitar el reencuentro de la pareja. Sin embargo, este ruido también se identifica con las emociones del protagonista, siendo el reflejo de su deseo reprimido que luego estallará en rabia y frustración. Es en ese punto que el código de interpretación cambia: el ruido pasó de pertenecer a un personaje a identificarlos a ambos, transformó a uno en otro.

Espectrograma 8. Cuatro distintas formas del ruido en Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Atehortúa 2023).

El silencio es oro

 El silencio, por otro lado, representa la ausencia de amor, el vacío; no puede expresar lo que se siente, la imposibilidad, la sensación de estar perdido.

Espectrograma 9.  Transición del ruido al silencio y nuevamente al ruido de una secuencia de Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Aterhortúa 2023).

En el acto final de Mudos testigos, donde la narración se traslada a la perspectiva subjetiva del personaje, el espectador lee un diario: el silencio es un fantasma en el que el personaje se ha transformado como si fuera un personaje derrotado que viaja. La utilización del diario, como recuerdo de alguien, también es ambigua, como los recuerdos mismos, que cambian, transformándose y adquiriendo un sonido diferente, diluyéndose y adoptando muchas formas de silencio.

Espectrograma 10.  Primer fragmento de silencio en Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Atehortúa 2023).

Espectrograma 11. Segundo fragmento de silencio en Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Atehortúa 2023).

Espectrograma 12. Tercer fragmento de silencio de silencio en Mudos testigos (Luis Ospina, Jerónimo Atehortúa 2023).

El archivo como organismo vivo y la intervención del sonido

El archivo cinematográfico es, sin duda, un reto creativo para la exploración sonora de lo inefable, lo difícil de ver, lo difícil de expresar o aquello que ha dejado de hablar. Esto es inherente a los documentos del pasado que plantean innumerables interrogantes sobre lo que fue alguna vez. La experimentación sonora consiste en crear una tensión donde las palabras, el silencio y el ruido son posturas políticas que usan estos elementos no literalmente, sino a través de la disonancia audiovisual. Imagen y sonido, aunque aparentemente dispares en el cine experimental, en realidad apelan a las sensaciones para comprender las imágenes que podrían dialogar emocionalmente con el espectador a través de una experiencia tan ambigua como inconsciente. La relación imagen-sonido es sensorial y nos permite considerar la reapropiación del archivo, donde el archivo es manipulado para presentarlo de una manera distinta. La transformación del sonido es, por lo tanto, una forma de observar con otra mirada el pasado, de actualizarlo con otras interpretaciones para apropiarnos de nuestra historia.

 

Anexo sonoro-visual de las películas que inspiraron este artículo

Una película (secreta) (Jerónimo Atehortúa, 2025)

Parábola del retorno (Juan Soto, 2017)

Nuestra película (Diana Bustamante, 2023)

Paraíso (Felipe Guerrero, 2006)

[1] Niño, Tatiana. 8 de mayo de 2024. Vuelven las clases de historia a los colegios en Colombia, análisis en Puntos de Vista. Radio Nacional de Colombia. https://www.radionacional.co/actualidad/vuelven-las-clases-de-historia-los-colegios-en-colombia-puntos-de-vista

[2] Peña, Germán. 16 de abril de 2025. Si no hubieran borrado la materia de historia, no existirían personajes como Polo Polo o Jota Pe. Las 2 orillas.https://www.las2orillas.co/si-no-hubieran-borrado-la-materia-de-historia-no-existirian-personajes-como-polo-polo-o-jota-pe/

[3] Morante, Andrea. 3 de noviembre de 2017. Sin enseñanza de la historia, ¿Cómo entender la Colombia del presente? El Tiempo.https://www.eltiempo.com/vida/educacion/deficit-en-la-ensenanza-de-la-historia-en-los-colegios-y-universidades-de-colombia-147920

[4] Vera, Laura. 15 de abril de 2025. Así se narró la guerra en los 90. Señal Memoria. https://www.senalmemoria.co/articulo/guerra-colombia-decada-noventa