Texto elaborado en el Taller de Escritura sobre Documentales de la 23 Muestra Internacional Documental de Bogotá-MIDBO, con la coordinación de Pedro Adrián Zuluaga y  Valentina Giraldo Sánchez y a partir de las películas presentadas en esta edición de la MIDBO.

Por: Fenyt Inés Barrero Páez
fenytbarrero@gmail.com

La última película de Eryk Rocha aborda la cotidianidad de una mujer cercana a los 70 años. Edna, también conocida como Dina, fue parte de uno de los grupos la guerrilla de Araguaia que en el Brasil de la década de 1970 combatió la política de despojo de tierras durante la dictadura militar.

Como sobreviviente del conflicto, Edna recorre su pasado desde una visión reflexiva y poética que plasma en Historia de mi vida, cuadernos que reúnen sus memorias y que son una puerta de entrada a su universo personal.

¿Qué voy a hacer hoy? ¿Ahora?

La intimidad de Edna se nos entrega a través de planos medios y cerrados que evidencian el modo como Rocha se acercó a ella, y lo que buscó en ese encuentro. En diálogo con Docmontevideo, el director dio más indicios sobre la relación que la película le permitió con su personaje:

“A partir de esta experiencia quedó muy claro que el cine definitivamente no es información, sino «relación», afecto y encuentro. Y la película nació de forma porosa de nuestra relación, de nuestros diálogos, conflictos, contradicciones”. (1)

Por el tratamiento cinematográfico, intuimos una estrecha comunicación entre Rocha y Edna; la vemos a ella en acciones como bañarse o peinarse. Con esto queda esbozado un diálogo, en el que Edna como protagonista participa en la construcción de la película. Con cada gesto registrado por el director se construye una imagen suya plena de dignidad. 

La potencia de la escritura de Edna se materializa en su voz sosegada, que por momentos escuchamos en calidad de murmullo, recurso narrativo que marca un contrapeso a la dureza de lo que fue su vida y estructura el montaje construyendo un punto de tensión entre lo que se escucha y lo que se muestra. 

Con mucho sufrimiento escapé, por eso escribo la historia de mis amigos

Primer plano de su caligrafía y del ritmo de su escritura. El universo poético de Edna transforma el mundo de la memoria en espacio que habita a través de imágenes veladas y siluetas acentuadas por el blanco y negro. El director logra esto partir de movimientos de cámara que dan la sensación de acecho y huida de la selva, paneos que recorren el espacio cautelosamente hasta llegar al personaje, planos detalle de su rostro, contrastes de audio (predicador, mugidos de toros, disparos), que además enfatizan la mirada crítica del realizador.  

El espacio donde vive Edna aparece activo y dinamizado por el viento, los objetos que están en el lugar describen su relación con el mundo: la ropa tendida al sol, las cortinas que se elevan en vaivén sugiriendo la idea de suspensión o movimiento pendular. 

Sueño que salgo de aquí, que me voy a un lugar no sé dónde.

Ese lugar que Edna no sabe dónde está, parece conducirnos siempre a su universo simbólico. A pesar de la persecución, el sufrimiento y el silencio, la escritura es su soporte; un cuerpo que toma forma en la película. 

Los pasos firmes y silenciosos de Edna recorren la carretera que no tiene fin, según sus palabras. El futuro devino en carretera y el presente en caminar. Cada atardecer un amanecer y frente a la conclusión el inicio, el volver a empezar.

La carretera es recuerdo de la pérdida, de la herida. Los sueños por los que Edna y muchas otras personas se embarcaron en la lucha armada parecen haber quedado enterrados bajo el concreto: una idea de desarrollo que se hermana con la destrucción. 

Esta tierra, este espacio, continuará, yo tengo pena por los que quedan.

No deja de ser irónico que Edna y su compañero vivan al borde de la carretera. Cada día ella contempla la llaga abierta y siente la pulsión de partir. 

Tanta tierra y no tenemos nada.

Con Edna se puede identificar la continuidad en la tradición de un cine político latinoamericano que observa los ecos de lo colectivo en la experiencia individual. Edna encarna la lucha de las comunidades del Amazonas brasileño, luchas que responden a problemas similares a los que Colombia enfrenta. 

La guerra nunca terminó.

Mis ojos miran el blanco y frío techo de este cuarto,

como un truco mágico se proyectan imágenes del pasado.

La decisión del realizador de dejar gran parte de la imagen en blanco y negro es una incitación para preguntarse acerca del tiempo en que transcurre la historia; un ir y venir entre el pasado y presente, tiempo indefinido, pendular, rasgo que narrativamente da fuerza y tensión al relato.

Llega la catarsis, Edna se abandona a su universo y se enfrenta a los fantasmas de sus familiares desaparecidos. La intensidad y el brillo del color iluminan la imagen. El presente se afirma, se asume con todos los matices, resistiendo y celebrando la batalla de la vida