Cámara normalidad

Emanuel Rojas Gutierrez

 

Es imposible abstraerse de la cantidad de asesinatos, heridos, abusos sexuales e imágenes de un Estado presente únicamente con el estallido sordo de las armas mientras escribo esto.

Sin embargo, el siguiente texto habla más de los momentos previos al estallido social del Paro Nacional del 28 de abril y el retomar de los rodajes, en lo que iba del 2021 en Colombia, cuando tratábamos de regresar a una especie de “normalidad”, a ponerle “final” a la pandemia, un final que al parecer nunca llegará por que el 2020 fue un evento irreversible y el virus seguirá ahí de ahora en adelante. Sabemos cuándo llegó pero es evidente que irá más allá de la inmunidad masiva, porque la influencia de esa “influenza” desbordó el ámbito sanitario y logró que nos preguntáramos de nuevo sobre la noción de realidad, de normalidad; a vernos en la historia con una perspectiva de las épocas.

Recuerdo el ultimo día de esa época, lo traigo a colación porque fue un día de rodaje. Un documental sobre una bestia del sonido y del sabor: Pantera. Gran músico, compositor, cantante y arreglista que sonó con Fruko y sus Tesos, Larry Harlow y muchos otros. Ese día, domingo 15 de marzo, a partir de medianoche, entraba en vigor el decreto de cuarentena, aunque duró mucho más. Ese domingo, los valientes que bravearon el miedo que se había tomado al mundo entero llegamos a la bolera San Francisco, captación de concierto a cinco cámaras, casi una puesta en escena documental para grabar a voluntad los músicos, pero inevitablemente baile y son con Pantera. Ya estaba el alcohol a la entrada, la toma de datos y de temperatura. El tapabocas aún era opcional, pero igual que para comer y cantar no se puede usar, ese día el baile fue alimento y sonido. Éramos felices y lo sabíamos. 

Luego vino la larga pausa, un tiempo propicio para la edición, la escritura o la animación más que para los rodajes con humanos. Seguramente comienza a venir un “covid-boom” de obras y vanguardias artísticas. Tengo que agradecer a Netflix y Mestiza films, quienes me brindaron ayuda monetaria humanitaria por un rodaje anulado, porque el gobierno y su economía naranja solo es para los grandes capitales.

Aunque muchos rodajes fueron cancelados -la mayoría se habían postergado, incluso ya programados o iniciados-, tuve la oportunidad de retomar, primero en documental y, lo que saltó a la vista, fueron los famosos protocolos y la búsqueda de control máximo sobre las condiciones de rodaje y transporte. Por suerte trabajábamos al interior del estudio de grabación donde Pantera ponía su voz, la única parte faltante para su nuevo disco. Aunque técnicamente todo fue como de costumbre, fue algo extraño. Por un momento tuve la sensación de que eran las cámaras operando las que brindaban la condición de normalidad a la realidad. Como si lo anormal fuera lo que existe sin registro.

Aquella relación única al cine del campo y el extracampo, el fuera de cuadro y lo que “queda en la caja” y pasa a la pantalla, esa dicotomía se ha extendido mucho más allá del lenguaje cinematográfico, inicialmente entre lo que sucede en el set y lo que pasa fuera de él, como un universo en una burbuja. Personalmente siempre he preferido trabajar en películas “porosas”, no impermeables a la realidad que rodea sus condiciones de rodaje. Siempre me ha gustado pinchar esas burbujas y dejar entrar aromas de realidad.

Pero ahora los rodajes de ficción parecieran ser burbujas dentro de otra burbuja más grande; la realidad ha tomado aires de ciencia ficción pre-apocalíptica y hacer ficción actualmente en locaciones reales, no en estudio, es como querer abrir espacios de “normalidad” dentro de una gran burbuja de irrealidad o de realidad extraordinaria; el exterior se ha vuelto extradiegético a la historia, por más que aquella transcurra en locaciones y con actores naturales, como tuve la ocasión de verlo recientemente en la ópera prima de Fabián Hernández.

Por el documental no me inquietó tanto, al fin y al cabo el documental aguanta todo, cualquier cosa que suceda es susceptible de ser tratada y representada en una observación documental. Mientras existamos con una cámara habrá un punto de vista.

Por otro lado, la ficción “todopoderosa” pareciera ser más frágil frente a este tipo de fenómenos. La gran industria del star system es afectada por la gran parafernalia que le implican los protocolos en dispositivos tan pesados, un equipo médico y sanitario se ha sumado a las producciones, además del cuidado y recelo de algunas estrellas para exponerse al contagio, pero, sobre todo, por la sequía que atraviesan esperando el regreso a las salas de proyección. Las producciones pequeñas e independientes además del equipo médico y la misma falta de salas debe sumarle que los asistentes de dirección, el equipo de arte y la producción de campo se ven atareados para esconder la “nueva realidad” en las locaciones reales donde frecuentemente se hacen estas películas. Los rostros descubiertos de antes se volvieron de época repentinamente.

Una vez más las fronteras entre ficción y realidad se trastocan, como si fueran campo y extracampo, pero de manera casi esquizofrénica no estamos seguros de cuál está conteniendo a cuál. ¿Acaso será la aparición del documental de ciencia ficción? O la confirmación de la teoría de que el observador afecta los fenómenos observados y así la ficción cambia la realidad, como si alquímicamente al enfocar algo se tuviera el poder de juntar los deseos y los miedos para que luego pueblen la realidad.

Para terminar, considero que en las actuales condiciones tenemos suficientes distopías. Los invito a que enfoquemos nuestras máquinas de realidad en un renacimiento de paz y conciencia ambiental y social.